La palabra con la que designamos el quehacer del espíritu humano, y que característicamente lo distingue de las bestias, hunde sus raíces etimológicas en una de las actividades gracias a las cuales la humanidad ha podido subsistir a lo largo de milenios: el cultivo de la tierra. El cultivo designa una serie de técnicas aprendidas y heredadas aplicadas a un terreno del que, si las circunstancias son favorables, se cosechará lo que se siembre. En analogía con el cultivo de la tierra, el cultivo de las ciencias y las artes humanas puede concebirse, asimismo, como una serie de técnicas orientadas a registrar una obra de creación (artística, investigadora) sobre una base material.
El cultivo de la tierra es tan fundamental para nuestra subsistencia que sus beneficios resultan tan obvios como la naturalidad con la que se transmiten los aprendizajes sobre el cultivo de generación a generación. La cultura, a diferencia del cultivo de la tierra, no nos es indispensable. No necesitamos ni demasiado arte ni demasiada ciencia para subsistir como especie. El asunto es que si queremos vivir humanamente, más allá de la mera subsistencia biológica, sí que se vuelven centrales el cultivo de las artes y la ciencias.

Lo mismo que la producción agrícola, la producción cultural representa una riqueza de quien la cultiva, de quien la posee y de quien la disfruta. Sin embargo, es preciso afirmar que “en rigor”, como escribe Gabriel Zaid, “se trata de un patrimonio de la humanidad”. Está destinada a alimentar a los hombres: “La acumulación de capital cultural representa poco en el conjunto de la producción, pero tiene un peso social desproporcionado con respecto a su peso económico. La producción de alimentos pesa mucho más, y alimentarse es de vida o muerte; pero ni más ni menos hoy que en la prehistoria. En cambio, la acumulación de un acervo creador hace la diferencia creciente con el hombre prehistórico y las otras especies que también se alimentan”.

Si bien la producción cultural puede llegar a convertirse en una actividad productiva, no obstante, lo que caracteriza la cultura es que, cuando lo es auténticamente, y no ideología, ésta se busca y realiza por sí misma: es su propio fin. Por mucho que el cultivo del arte y las ciencias pueda llegar a ser hasta rentable, su auténtico valor radica en que tales son actividades libres. Paradójicamente, parece ser que es ese impulso hacia la libre acción el auténtico impulso detrás de cualquier posible desarrollo económico o social sostenibles.

La creación cultural le da a los pueblos no sólo una identidad sino una confianza en sí mismos, una autonomía que les permite distinguirse de otros pueblos. Desde luego, es imprescindible el pan de cada día, pero solamente tanto, y aún menos, que el alimento del espíritu. Milagro de los panes, alimenta a las generaciones de una comunidad y las nutre. Su desarrollo económico y social pende, entonces, de la habilidad de los integrantes de una comunidad para asumir y recrear una tradición cultural nutricia. De ahí que “ver el milagro de la cultura como una actividad más o menos superflua –sentencia Zaid– es no tener sentido de la realidad. La cultura es el origen y la culminación del desarrollo”.

Quienes colaboramos en el Centro de Investigación Social Avanzada, estamos persuadidos del valor de la producción artística, cultural y científica. Sabemos hasta qué punto muchos hombres y mujeres auténticamente interesados por la búsqueda de la verdad acerca de ellos mismos y el mundo, son marginados del banquete común de la humanidad que es nuestra cultura heredada. Ello ocurre a causa de diversos motivos, principalmente de orden económico. En el CISAV, nos sentimos responsables de difundir los resultados de nuestros trabajos de la forma que los vuelva más accesibles. Así, la revista semestral de la División de Filosofía del CISAV, la Revista de Filosofía Open Insight, ha sido distribuida gratuitamente a través de su página de Internet desde su fundación en 2010. Cada uno de sus ejemplares ha sido descargado más de mil ocasiones. Queremos seguir trabajando por nuestros lectores y mantener la distribución gratuita de la versión electrónica de Open Insight. Tus donativos nos ayudarán a seguir produciendo y mejorando la revista sin tener que cobrarla. Gracias.